25 de març 2011

Final múltiple

Final Múltiple (a partir de la página 435)

[…] – Vayámonos, mi niña.
Mariana no hizo caso a Beatriz y siguió acercándose a la tícitl. La mujer no se inmutó a las palabras que Mariana había pronunciado con anterioridad y parecía que no tenía la más mínima intención de hacerlo próximamente.
-         ¡Estoy segura que me entiendes! – exclamó la joven enfadada.
-         ¿No lo ves, Mariana? Ya te he dicho que no sabe lo que dices. Vámonos de una vez
-         No, necesito algo de Miguel para estar allí en España. No quiero olvidarme nunca de él – decía Mariana – si no me lo da la tícitl lo voy a buscar yo.
-         ¿Entonces no vas a volver con tu padre a Medina de Rioseco? – dijo una sorprendida Beatriz.
-         No, para mí esto es mucho más importante
-         Pero… yo quiero volver, Mariana
Esta última frase provoco un tenso silencio que finalmente y, después de pensar mucho sus palabras, Mariana rompió
-         Pues ve tú sola. Si no te molesta, claro.
-         Necesito la compañía de alguien para un viaje así, es mucho tiempo sola.
-         Diego de Landa va hacia allí, ¿recuerdas? Puedes ir en su compañía.
Finalmente las dos mujeres decidieron que el fraile acompañaría a Beatriz a Medina de Rioseco. Pero su decisión aún era desconocida por el religioso y por Luis, que estaba preparando el viaje de vuelta de su hermana.
-         Luis, hermano, al final he decido quedarme aquí.
-         ¿A qué es debido este repentino cambio, hermana? – preguntó Luis.
-         Bueno, digamos que quiero reflexionar sobre lo ocurrido con Miguel y Rodrigo – dijo Mariana
-         Está bien, acepto tú decisión. Debe ser muy duro para ti, Mariana, y si crees que esto es lo mejor, adelante.
Después de esa conversación, Luis se fue a hablar con Beatriz y le preguntó qué haría ella. La mujer le explicó lo que habían acordado entre Mariana y ella así que Luis se fue a buscar a Diego de Landa que aceptó de buen grado acompañar a Beatriz.
El viaje sería dos días después así que a Mariana le dio tiempo de despedirse de Beatriz. Pese a eso cuando llegó la hora de la despedida definitiva, ninguna de las dos pudo contener la emoción.
-         Esto es muy… ¿nunca más nos veremos, Mariana?
-         No digas eso mujer – respondió Mariana entre sollozos – cuando encuentre algo de Miguel volveré, lo prometo.
-         De acuerdo
Todos los viajantes subieron al barco y Mariana visualizó la figura de su amiga y madre –aunque no hubiera nacido de ella-. Quería gravar a fuego esa imagen en su retina, por si, por lo que fuere, nunca más la fuera a ver.
Después del emotivo despido de Beatriz, Mariana fue al palacio del virrey donde tenía todas sus pertinencias. Decidió que lo mejor sería volver al monasterio de fray Diego. Quizá por allí podría encontrar alguien que conociera bien a Miguel.
El viaje hasta allí se le hizo largo y pesado. La joven no podía dejar de pensar en Miguel y la tremenda barbaridad que había cometido su hermano Rodrigo. En sus pensamientos tampoco se olvidaba de su padre y de Beatriz. Tenía pensado cumplir su promesa pero no tenía muchas esperanzas en encontrar algo de Miguel en tiempo cercano.
Al llegar al monasterio, la joven estaba muy cansada y se fue a dormir a la misma cama donde tuvo lugar el primer encuentro con el médico. Allí se pasó muchas horas reposando; las últimas horas estaban resultando fatales para la joven.
Cuando, al fin, se levantó de la cama decidió inspeccionar el monasterio para ver si había algo de Miguel. Evidentemente, el lugar estaba vacío así que Mariana tuvo libertad para inspeccionar. Primero fue al dormitorio de Lavanda. Allí estaba lleno de cristos y vírgenes en las paredes. La chica miró por los armarios, las sillas, los cajones e incluso entre las ropas del fraile. Allí no había nada referente a Miguel.
Después fue al resto de habitaciones mirando con mucho cuidado todos los rincones. Esto le llevó varios días, debido a las grandes dimensiones del monasterio. Pero no encontró nada que le sirviera; sólo encontró objetos como unos lápices, una daga, un libro escrito en maya y unas monedas.
Así pues, después de unas semanas allí Mariana decidió ir a Maní por sí alguien sabía donde vivía Miguel. El poblado mostraba un aspecto totalmente diferente al que Mariana pudiera haber imaginado: Maní parecía una ciudad fantasma.
Mariana llegó a una plaza donde había una placa donde rezaba lo siguiente: Recordatorio al auto de fe de Maní realizado por Diego de Landa el día 14 de julio de 1489. Esto hizo comprender a Mariana el por qué de la ausencia de gente en Maní.
Cuando salió de nuevo a las calles, empezó a dar vueltas por el pueblo hasta que por fin encontró a un hombre que aparentemente era español.
-         Disculpe, señor
-         Hola, joven. ¿Qué hace vuestra merced a estas horas por aquí?
-         Estoy buscando a alguien – respondió Mariana que decidió ir al grano - ¿conoce usted al médico Miguel?
-         Miguel… - respondió el hombre pensativo – sí… creo que sí que lo conozco. Creo que fue él quien curó a mi hermano de sus dolores de cabeza.
-         ¿Y sabe donde vive?
-         Recuerdo el lugar donde lo curó porque iba allí casi cada día pero le reitero que no se con certeza si ese Miguel es el médico del que te estoy hablando.
-         Lléveme allí, por favor.
-         De acuerdo, como quieras.
Aquél hombre no era mucho mayor que Miguel pero no tenía su noble y esbelta figura sino que la imagen que presentaba era mucho más descuidada que la del médico.
-         Vive aquí en Maní – dijo – ya llegamos.
-         Si que estábamos cerca.
-        
-         Muchas gracias… - Mariana dejo entrecortada la frase.
-         Fernando, me llamo Fernando.
-         Yo Mariana
-         Pues de nada, Mariana. Hasta la próxima. – dijo Fernando que se dio la vuelta y se fue.
Mariana tocó varias veces el timbre pero nadie le abrió. Al cabo de un rato intentó abrir la puerta y milagrosamente ésta estaba abierta. Dentro de la casa, la joven pudo comprobar que realmente era la casa de Miguel, estaba la bata que llevaba puesta en su primer encuentro. “Esto es lo que ando buscando”. Metió cuidadosamente su mano en los bolsillos y encontró un escrito que el médico tenía preparado para Mariana. La nota decía lo siguiente.
Mariana, sé que nos hemos querido y te sigo queriendo mucho, muchísimo. Pero siento que nuestra relación no puede fructificar, siento que allá donde vayamos seremos odiados por alguien por ser una mezcla de indio y castellana. Así que creo que debemos dejar de vernos. Lo siento muchísimo pero te sigo amando igual,
Miguel

Al ver esto Mariana no pudo soportar el dolor porque ella creyó que Miguel estaba convencido de lo que hacía. La chica no sabía qué hacer, parecía que la cabeza le iba a explotar. El corazón le iba a 100 o quizás a 1000. Impulsivamente se dirigió a la cocina y nunca más volvería a ver más mariposas ni volvería a escribir más cartas al Rey como había hecho durante más de su finalizada vida.

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