12 de març 2011

Cruce de historias

El país de las mariposas y La segunda parte de Don Quijote de la Mancha.
 Mariana era una joven apasionada que vivía junto a sus padres en Medina de Rioseco, allá por el siglo XVII. Su padre era el Almirante de Medina de Rioseco y su hermano Luis era el heredero del reino.
Hacía poco que se había publicado un extraño libro que se burlaba de los libros que ella estaba acostumbrada a leer. El personaje principal de este libro, llamado El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, era un hidalgo que de tanto leer esos libros de caballerías enloquece hasta tal punto de imitar a los caballeros.
Cuando Mariana leyó ese libro pensó que a nadie le podía pasar eso y que la historia del hidalgo-caballero no era verosímil. Pero la chica estaba equivocada. La historia de Don Quijote estaba basada en hechos reales y como se especifica en el libro, este personaje habita en la Mancha.
Mariana recibía clases por parte de su padre para explicarle como debía ser una buena dama con sangre real. Pero cuando sólo llevaban cuatro clases, el Almirante Don Luis tuvo problemas de salud y tuvieron que dejar las clases.
-         Ana, lleva a Mariana a la ínsula de Sancho Panza que según dicen es escudero del gran Don Quijote y debe saber por su amo como se comportan las buenas doncellas.
-         ¿Cómo? – saltó Mariana - ¿Acaso existe ese tal Don Quijote de la Mancha?
-         Por supuesto – respondió su padre - ¿nunca te había hablado de él? Es uno de los caballeros andantes más importantes del reino
-         Nunca me habías hablado de él pero yo me he leído un libro que se ha publicado de sus aventuras.
A Mariana le extrañó mucho que ese personaje existiera antes de la creación del libro y por eso le preguntó a su padre cuanto hacía que lo conocía.
-         Pues desde hace poco. Puede ser que haga cuatro o incluso cinco años.
-         El libro que me he leído se publicó hace cinco años, debe ser una invención que corre por el reino – dijo Mariana.
-         No lo creo, algunos dicen que lo han visto.
La joven se resistía a pensar que alguien pudiera volverse loco sólo por leer. Era imposible según Mariana.
-         Vamos pues, hija, a la ínsula de Sancho – dijo doña Ana a Mariana.
-         Vamos, a ver si existe… - murmuró la muchacha.
Mujer e hija se dirigieron al carruaje que disponía la familia del Almirante para viajar a donde fuera. Doña Ana dijo al conductor que las llevara a la ínsula que los duques habían cedido a Sancho. Sorprendentemente, el conductor sabía donde estaba esta ínsula y no vaciló ni un momento al arrancar el carruaje.
El viaje duraría un par o tres de horas ya que tenían que pasar por una parte de la meseta española. Durante el viaje, Mariana observaba el desértico paisaje y de vez en cuando pasaba gente por los caminos: Mariana vio desde campesinas trabajando la tierra hasta un grupo de hombres atados con un par de guardas a caballo custodiándolos.
Cuando ya habían transcurrido dos horas el carruaje se detuvo de repente. Mariana bajó a ver qué pasaba porque doña Ana estaba dormida. Allí estaba subido en un blanco caballo y delante del carruaje.
-         Atrévase vuestra merced a librar una lucha contra el mayor de los caballeros andantes de la historia. Libere de una vez a esas princesas que lleva dentro de ése vehiculo – dijo el caballero Don Quijote de la Mancha.
-         ¿Es usted aquél que confunde los molinos con los gigantes? – preguntó Mariana estupefacta.
-         Soy el caballero Don Quijote de la Macha, ése soy.
-         Leí las aventuras de vuestra merced – dijo Mariana – ¿dónde anda su escudero Sancho?
-         Está gobernando una ínsula cerca de aquí. Noble princesa ahora la libero junto a sus compañeras.
-         Ya somos libres, gracias. Sólo queríamos visitar al gobernador Panza para que me enseñe como ser una buena dama.
-         Ah! Por eso me habéis preguntado donde estaba el bueno de Sancho Panza. Bien, si es por eso entonces ya se lo puedo explicar yo mismo.
Entonces retiraron el carruaje de mitad del camino y Don Quijote le explicó las principales cosas que debe hacer una mujer de sangre real. Una vez el caballero hubo terminado, él siguió su camino y el carruaje volvió hacia Medina de Rioseco.
Una vez allí Mariana despertó a su madre, quien no se enteró de nada. Después se fue a buscar a su padre y le dijo que tenía razón y que Don Quijote existía.

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