Fragmento: Entre el primer y el segundo párrafo de la página 277
[…] podría predisponerle a su favor.
- ¿Te gusta esta comida preparada especialmente para ti, hermano?
- Sí, me recuerda a nuestra infancia – dijo Luis, esbozando una sonrisa aunque por dentro pensaba que su hermano no tuvo ningún papel relevante.
- ¡Ah sí! Que recuerdos tan bonitos – respondió Rodrigo – por cierto, hermano, nunca he sabido a donde ibas los miércoles por la tarde. Hubo una época que durante ese tiempo no te vi nunca.
Rodrigo pudo apreciar como Luis pasaba de su típica figura recta y segura a otra totalmente desconocida hasta ahora ya que enrojeció de golpe.
- Me salió un pequeño trabajillo por el pueblo. Un día un comerciante de un local me ofreció que lo ayudara en su trabajo. ¿Cómo es posible que te dieras cuenta, Rodrigo, si apenas nos veíamos en el palacio de papá?
- Bueno, digamos que en esos tiempos cuando me aburría me dedicaba a seguir por el palacio a cualquiera de los habitantes del lugar
- ¿¡Cómo!? – le espetó Luis - ¿estás diciendo que nos espiaste?
- Sólo lo hacía cuando me aburría
En ése momento Luis sintió un sentimiento hasta ese momento desconocido en él, sentía algo parecido al odio. No podía creer que un hijo del Almirante de Medina de Rioseco se dedicara a seguir y espiar a los miembros de su propia familia de sangre real.
- ¿Y eras consciente de lo que hacías?
- ¿Tan grave es la cosa? – contestó Rodrigo – yo lo veo como un simple juego de infancia
- Pero nos invadías la intimidad. Imagínate que alguno tuviera por lo que fuese algo que esconder a los demás y tú lo supieras.
- De hecho…
Pero Luis no quiso saber más y se calló porque sabía que si la conversación seguía sus relaciones se deteriorarían más de los que ya estaban.